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viernes, 29 de diciembre de 2017

Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz

“Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental”

Un deseo de paz

Paz a todas las personas y a todas las naciones de la tierra. La paz, que los ángeles anunciaron a los pastores en la noche de Navidad[1], es una aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente de aquellos que más sufren por su ausencia, y a los que tengo presentes en mi recuerdo y en mi oración. De entre ellos quisiera recordar a los más de 250 millones de migrantes en el mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados. Estos últimos, como afirmó mi querido predecesor Benedicto XVI, «son hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz»[2]. Para encontrarlo, muchos de ellos están dispuestos a arriesgar sus vidas a través de un viaje que, en la mayoría de los casos, es largo y peligroso; están dispuestos a soportar el cansancio y el sufrimiento, a afrontar las alambradas y los muros que se alzan para alejarlos de su destino.

Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental.

Somos conscientes de que no es suficiente sentir en nuestro corazón el sufrimiento de los demás. Habrá que trabajar mucho antes de que nuestros hermanos y hermanas puedan empezar de nuevo a vivir en paz, en un hogar seguro. Acoger al otro exige un compromiso concreto, una cadena de ayuda y de generosidad, una atención vigilante y comprensiva, la gestión responsable de nuevas y complejas situaciones que, en ocasiones, se añaden a los numerosos problemas ya existentes, así como a unos recursos que siempre son limitados. El ejercicio de la virtud de la prudencia es necesaria para que los gobernantes sepan acoger, promover, proteger e integrar, estableciendo medidas prácticas que, «respetando el recto orden de los valores, ofrezcan al ciudadano la prosperidad material y al mismo tiempo los bienes del espíritu»[3]. Tienen una responsabilidad concreta con respecto a sus comunidades, a las que deben garantizar los derechos que les corresponden en justicia y un desarrollo armónico, para no ser como el constructor necio que hizo mal sus cálculos y no consiguió terminar la torre que había comenzado a construir[4].

¿Por qué hay tantos refugiados y migrantes?

Ante el Gran Jubileo por los 2000 años del anuncio de paz de los ángeles en Belén, san Juan Pablo II incluyó el número creciente de desplazados entre las consecuencias de «una interminable y horrenda serie de guerras, conflictos, genocidios, “limpiezas étnicas”»[5], que habían marcado el siglo XX. En el nuevo siglo no se ha producido aún un cambio profundo de sentido: los conflictos armados y otras formas de violencia organizada siguen provocando el desplazamiento de la población dentro y fuera de las fronteras nacionales.

Pero las personas también migran por otras razones, ante todo por «el anhelo de una vida mejor, a lo que se une en muchas ocasiones el deseo de querer dejar atrás la “desesperación” de un futuro imposible de construir»[6]. Se ponen en camino para reunirse con sus familias, para encontrar mejores oportunidades de trabajo o de educación: quien no puede disfrutar de estos derechos, no puede vivir en paz. Además, como he subrayado en la Encíclica Laudato si’, «es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental»[7].

La mayoría emigra siguiendo un procedimiento regulado, mientras que otros se ven forzados a tomar otras vías, sobre todo a causa de la desesperación, cuando su patria no les ofrece seguridad y oportunidades, y toda vía legal parece imposible, bloqueada o demasiado lenta.

En muchos países de destino se ha difundido ampliamente una retórica que enfatiza los riesgos para la seguridad nacional o el coste de la acogida de los que llegan, despreciando así la dignidad humana que se les ha de reconocer a todos, en cuanto que son hijos e hijas de Dios. Los que fomentan el miedo hacia los migrantes, en ocasiones con fines políticos, en lugar de construir la paz siembran violencia, discriminación racial y xenofobia, que son fuente de gran preocupación para todos aquellos que se toman en serio la protección de cada ser humano[8].

Todos los datos de que dispone la comunidad internacional indican que las migraciones globales seguirán marcando nuestro futuro. Algunos las consideran una amenaza. Os invito, al contrario, a contemplarlas con una mirada llena de confianza, como una oportunidad para construir un futuro de paz.

Una mirada contemplativa

La sabiduría de la fe alimenta esta mirada, capaz de reconocer que todos, «tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia. Aquí encuentran fundamento la solidaridad y el compartir»[9]. Estas palabras nos remiten a la imagen de la nueva Jerusalén. El libro del profeta Isaías (cap. 60) y el Apocalipsis (cap. 21) la describen como una ciudad con las puertas siempre abiertas, para dejar entrar a personas de todas las naciones, que la admiran y la colman de riquezas. La paz es el gobernante que la guía y la justicia el principio que rige la convivencia entre todos dentro de ella.

Necesitamos ver también la ciudad donde vivimos con esta mirada contemplativa, «esto es, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas [promoviendo] la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia»[10]; en otras palabras, realizando la promesa de la paz.

Observando a los migrantes y a los refugiados, esta mirada sabe descubrir que no llegan con las manos vacías: traen consigo la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías y sus aspiraciones, y por supuesto los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen. Esta mirada sabe también descubrir la creatividad, la tenacidad y el espíritu de sacrificio de incontables personas, familias y comunidades que, en todos los rincones del mundo, abren sus puertas y sus corazones a los migrantes y refugiados, incluso cuando los recursos no son abundantes.

Por último, esta mirada contemplativa sabe guiar el discernimiento de los responsables del bien público, con el fin de impulsar las políticas de acogida al máximo de lo que «permita el verdadero bien de su comunidad»[11], es decir, teniendo en cuenta las exigencias de todos los miembros de la única familia humana y del bien de cada uno de ellos.

Quienes se dejan guiar por esta mirada serán capaces de reconocer los renuevos de paz que están ya brotando y de favorecer su crecimiento. Transformarán en talleres de paz nuestras ciudades, a menudo divididas y polarizadas por conflictos que están relacionados precisamente con la presencia de migrantes y refugiados.

Cuatro piedras angulares para la acción

Para ofrecer a los solicitantes de asilo, a los refugiados, a los inmigrantes y a las víctimas de la trata de seres humanos una posibilidad de encontrar la paz que buscan, se requiere una estrategia que conjugue cuatro acciones: acoger, proteger, promover e integrar[12].

«Acoger» recuerda la exigencia de ampliar las posibilidades de entrada legal, no expulsar a los desplazados y a los inmigrantes a lugares donde les espera la persecución y la violencia, y equilibrar la preocupación por la seguridad nacional con la protección de los derechos humanos fundamentales. La Escritura nos recuerda: «No olvidéis la hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles»[13].

«Proteger» nos recuerda el deber de reconocer y de garantizar la dignidad inviolable de los que huyen de un peligro real en busca de asilo y seguridad, evitando su explotación. En particular, pienso en las mujeres y en los niños expuestos a situaciones de riesgo y de abusos que llegan a convertirles en esclavos. Dios no hace discriminación: «El Señor guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda»[14].

«Promover» tiene que ver con apoyar el desarrollo humano integral de los migrantes y refugiados. Entre los muchos instrumentos que pueden ayudar a esta tarea, deseo subrayar la importancia que tiene el garantizar a los niños y a los jóvenes el acceso a todos los niveles de educación: de esta manera, no sólo podrán cultivar y sacar el máximo provecho de sus capacidades, sino que también estarán más preparados para salir al encuentro del otro, cultivando un espíritu de diálogo en vez de clausura y enfrentamiento. La Biblia nos enseña que Dios «ama al emigrante, dándole pan y vestido»; por eso nos exhorta: «Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto»[15].

Por último, «integrar» significa trabajar para que los refugiados y los migrantes participen plenamente en la vida de la sociedad que les acoge, en una dinámica de enriquecimiento mutuo y de colaboración fecunda, promoviendo el desarrollo humano integral de las comunidades locales. Como escribe san Pablo: «Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios»[16].

Una propuesta para dos Pactos internacionales

Deseo de todo corazón que este espíritu anime el proceso que, durante todo el año 2018, llevará a la definición y aprobación por parte de las Naciones Unidas de dos pactos mundiales: uno, para una migración segura, ordenada y regulada, y otro, sobre refugiados. En cuanto acuerdos adoptados a nivel mundial, estos pactos constituirán un marco de referencia para desarrollar propuestas políticas y poner en práctica medidas concretas. Por esta razón, es importante que estén inspirados por la compasión, la visión de futuro y la valentía, con el fin de aprovechar cualquier ocasión que permita avanzar en la construcción de la paz: sólo así el necesario realismo de la política internacional no se verá derrotado por el cinismo y la globalización de la indiferencia.

El diálogo y la coordinación constituyen, en efecto, una necesidad y un deber específicos de la comunidad internacional. Más allá de las fronteras nacionales, es posible que países menos ricos puedan acoger a un mayor número de refugiados, o acogerles mejor, si la cooperación internacional les garantiza la disponibilidad de los fondos necesarios.

La Sección para los Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral sugiere 20 puntos de acción[17] como pistas concretas para la aplicación de estos cuatro verbos en las políticas públicas, además de la actitud y la acción de las comunidades cristianas. Estas y otras aportaciones pretenden manifestar el interés de la Iglesia católica al proceso que llevará a la adopción de los pactos mundiales de las Naciones Unidas. Este interés confirma una solicitud pastoral más general, que nace con la Iglesia y continúa hasta nuestros días a través de sus múltiples actividades.

Por nuestra casa común

Las palabras de san Juan Pablo II nos alientan: «Si son muchos los que comparten el “sueño” de un mundo en paz, y si se valora la aportación de los migrantes y los refugiados, la humanidad puede transformarse cada vez más en familia de todos, y nuestra tierra verdaderamente en “casa común”»[18]. A lo largo de la historia, muchos han creído en este «sueño» y los que lo han realizado dan testimonio de que no se trata de una utopía irrealizable.

Entre ellos, hay que mencionar a santa Francisca Javier Cabrini, cuyo centenario de nacimiento para el cielo celebramos este año 2017. Hoy, 13 de noviembre, numerosas comunidades eclesiales celebran su memoria. Esta pequeña gran mujer, que consagró su vida al servicio de los migrantes, convirtiéndose más tarde en su patrona celeste, nos enseña cómo debemos acoger, proteger, promover e integrar a nuestros hermanos y hermanas. Que por su intercesión, el Señor nos conceda a todos experimentar que los «frutos de justicia se siembran en la paz para quienes trabajan por la paz»[19].

Fuente: OMP España


José María Calderón, nuevo subdirector nacional de OMP

Anastasio Gil, director nacional de Obras Misionales Pontificias, ha nombrado al sacerdote madrileño José María Calderón como subdirector nacional de la institución. 



José María Calderón es desde hoy subdirector nacional de OMP. Este cargo de reciente creación, refrendado por el Presidente del Consejo Superior de las OMP en Roma, servirá para apoyar al director nacional en sus tareas ordinarias. Calderón compaginará este servicio con el que ha ofrecido hasta ahora como delegado episcopal de misiones y director diocesano de OMP de la diócesis de Madrid. Toma posesión del cargo hoy en la sede de la nunciatura, en presencia de Renzo Fratini, Nuncio Apostólico de su Santidad en España; José María Gil Tamayo, Secretario general de la Conferencia Episcopal Española, y Anastasio Gil García.

José María Calderón nació en Madrid en 1963. Ordenado en 1989, ha ejercido su ministerio sacerdotal en diversas parroquias de la diócesis de Madrid. Se licenció en Teología -especialidad en Moral-, y ha sido, entre otras muchas tareas, consiliario diocesano de Acción Católica, consiliario diocesano de Manos Unidas y desde 2007 delegado episcopal de misiones y director diocesano de OMP de Madrid. Muy vinculado al mundo misionero, ha colaborado con las Misioneras de la Caridad como capellán y confesor, y ha tenido experiencias misioneras de verano con jóvenes en países como Etiopía, Cuba, Sierra Leona y República Dominicana entre otros. “Doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de conocer la labor de los misioneros españoles en el mundo. Me impresiona la grandeza de ánimo, el espíritu de sacrificio y la alegría por llevar a Jesús a quienes aun no lo conocen” declara Calderón sobre estas experiencias misioneras.

Hoy asume la subdirección nacional de OMP, la institución de la Santa Sede encargada de promover entre las comunidades cristianas el espíritu misionero y de canalizar las aportaciones de los fieles de todo el mundo hacia los Territorios de Misión.

Por su parte, Anastasio Gil ha agradecido a José María Calderón la disponibilidad para ayudarle en las numerosas tareas de animación y cooperación misionera que se realizan en y desde la Dirección Nacional. Gratitud que hace extensivo a quienes han aprobado esta decisión: Consejo Superior de las OMP en Roma, Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones, Secretario general de la CEE, así como al arzobispo de Madrid, Cardenal Osoro, que desde el primer momento dio su aprobación.

Fuente: OMP España


Feliz Navidad desde Honduras

“En Navidad renace la esperanza: Él es nuestra Paz, Él es la luz” monseñor Ángel Garachana, misionero claretiano en San Pedro de Sula.


 Amigos les escribo desde Honduras. También aquí es Navidad. Nada, ni la crisis política, ni la violencia, ni la inequidad social, ni las divisiones y odios… pueden eliminar el Acontecimiento único e irreversible del nacimiento de Jesús, el Salvador, el Cristo, el Señor.
Nadie nos puede robar el amor de Dios manifestado en el nacimiento de Jesús, la Palabra eterna que estaba junto al Padre, ‘se hizo carne’ y puso su casa entre las nuestras.
Yo quiero celebrar este nacimiento con agradecimiento sentido, con alegría desbordante, con amor contemplativo, quiero acoger con fe al Niño y pedirle que me transforme en Él. Que me pacifique ya que Él es nuestra Paz, que me ilumine pues Él es la Luz, que me libere de toda esclavitud pues es mi Salvador, que me haga pobre pues fue acostado en un pesebre. Así podré soñar y desear, pedir y construir una familia hondureña pacífica, justa, solidaria, amorosa, creyente y esperanzada.
El nacimiento de Jesucristo es para mí causa de gozo, de felicidad, de ganas de vivir y de ser mejor. Y deseo que la Navidad sea también para ti, para ustedes, tiempo de bendición, de alegría renovadora, de felicidad compartida, de consuelo cordial, de esperanza a toda prueba… porque Dios, en el nacimiento de Jesús, se ha abajado hasta compartir nuestra condición humana para hacernos partícipes de su condición divina.
Fuente: OMP España

lunes, 18 de diciembre de 2017

Sembradores de Estrellas en Zamora

El pasado sábado 16 de Diciembre, la Delegación Diocesana de Misiones de Zamora, convocó a todos los niños de Zamora para participar en Sembradores de Estrellas. 

Con una simple pegatina con forma de estrella en la que se puede leer "Jesús nace para todos", los niños se acercaron a la gente para anunciarles que la Navidad ha llegado, hay que estar alegres.
La celebración de envío con los niños tuvo lugar en la Iglesia de Santiago del Burgo a las 11:30 de la mañana. 
Más de un centenar de niños salieron a la calle con sus estrellas y pañoletas de colores, para felicitar la Navidad a los zamoranos con la canción de Sembradores de Estrellas y los tradicionales villancicos.

Este año como novedad, se instaló un photocall  de un mapa del mundo dónde se podía ver los lugares de destino de los 121 misioneros zamoranos, para que los niños posaran con un cartel para felicitarles también a ellos la navidad. Desde la Delegación Diocesana de Misiones queremos que los misioneros sientan el cariño de los zamoranos y en especial de los niños, por eso les haremos llegar estás imágenes a cada uno de ellos como felicitación navideña. 

El ritmo musical, lo pusieron los chicos de Cristianos sin Fronteras que no pararon de cantar, mientras los niños del Colegio Sagrado Corazón de Jesús de Zamora, Santísima Trinidad Amor de Dios Pinilla, y las parroquias del Centro, colocaban estrellas a los zamoranos para felicitarles la navidad. 

Al día siguiente los niños de la parroquia de Valcabado, hicieron lo mismo en su localidad.
El sábado 23 saldrán los niños de la localidad de Toro a las 12h de la Iglesia de San Julián y el domingo 24 a las 13:30 después de la misa dominical, lo harán los niños de la localidad de Villalpando. 

Desde la Delegación diocesana de Misiones queremos dar las gracias a todos los niños que participan en sembradores de estrellas, y anuncia la buena noticia. Nos quedamos sin estrellas debido al gran número de participantes y eso es una gran noticia.


En el siguiente enlace se puede ver el video de la felicitación navideña a los misioneros https://www.facebook.com/Misiones-Zamora-850025918430465/






martes, 12 de diciembre de 2017

Ganadores Concurso de Comics Zamora

La Delegación de Zamora, eligió el pasado 5 de Diciembre, los ganadores del Concurso de Comic de Infancia Misionera, con el lema "Atrévete a ser Misionero".

Han participado más de 220 comics entre las dos categorías procedentes de los colegios: Sagrado Corazón, San José, Nuestra Señora del Rocio y Medalla Milagrosa, de Zamora Parroquias Zamora Centro de Zamora, El colegio Virgen de la Vega de Benavente, el colegio Amor de Dios de Toro. Parroquia Valcabado, Parroquia Villarrín y particulares.

El jurado de la concurso formado por:

Luis Miguel Rodríguez Herrero, Vicario Episcopal para el Clero y profesor del Seminario Menor San Atilano en Zamora

Teresa Alvarez, pintora y profesora de dibujo del Seminario San Atilano en Zamora.

Pablo Ramos, arquitecto y voluntario de la Delegación de Misiones.

CATEGORÍA A: de 6 a 9 años

1º Premio: Martina Rodriguez  8 años Colegio Medalla Milagrosa

2º Premio: Camila Esteban Casalderrey. 7 años. Parroquia Valcabado.




CATEGORIA B: de 10 a 12 años.

1º Premio: Daniel San Juan 11 años. Colegio San José

2º Premio: Carmen Arias 11 años. Colegio San José.




A todos los participantes la Delegación de Misiones les ha hecho entrega de un Diploma y una chapa de Infancia Misionera.
Todos los comics serán expuestos en el Claustro del Seminario San Atilano en las vacaciones de Navidad, encuadernados en un libro.

Los premios de a los ganadores serán entregados el día 27 de Enero en la convivencia de Infancia Misionera.

Desde la Delegación de Misiones queremos dar las Gracias a todos los colegios participantes, por su animación misionera.


viernes, 1 de diciembre de 2017

Gesto, la revista de siempre para los niños de hoy

Obras Misionales Pontificias (OMP) relanza su revista infantil, buque insignia de Infancia Misionera. Con nueva directora al frente, Gesto pretende llegar a los más pequeños -40 años después de su creación- en plena era digital. El objetivo es informar y entretener a los niños, y ayudarles a salir de su pequeño mundo para abrirles una ventana a otra forma de estar en él: la vida misionera. Con el mismo espíritu de siempre, la revista ha cambiado su diseño y ha incluido nuevas secciones.



Muchos de los niños que en los ochenta y noventa leyeron la revista Gesto hoy son misioneros: Victoria Braquehais (RD Congo), Ester Palma (Corea del sur), Antonio Fernandez (Zambia), etc. Todos ellos recuerdan la ilusión de recibir aquella revista y cómo leyendo sus páginas cargadas de historias misioneras se despertó en ellos el deseo de amar a los demás, que más adelante se concretaría en una entrega de su vida a la Misión.
Conscientes de la importancia de los “pequeños misioneros”–como les llamaba San Juan Pablo II-,  las OMP editan desde hace 40 años la revista Gesto.  Una publicación que nació en 1977 de la mano del obispo D. José María Larrauri–entonces director de las OMP- quien reunió a un grupo de profesionales de la literatura y la comunicación para crear una revista que llevara el espíritu misionero a todos los niños de España.  Así, de la mano de Montserrat Sarto y posteriormente de Montserrat Vilaseca, la revista se convirtió en toda una explosión evangelizadora para los niños de entonces, y llegó a tirar hasta 400.000 ejemplares en su primer año de vida.
La revista ha acompañado a muchas generaciones, y afronta ahora el gran reto de llegar a los niños de hoy, que son y sienten como los de ayer, pero se enfrentan a unas circunstancias familiares, sociales y culturales muy diferentes. “No es una tarea fácil”, explica Miryam García, directora de la revista. “Tenemos que hacer que nuestro mensaje llegue a niños de 6 a 12 años, que hoy viven rodeados de estímulos visuales y sensoriales, gracias -en gran medida- a los dispositivos digitales. Pero si somos capaces de hablarles en sus mismos códigos y de mostrarles la Belleza estaremos más cerca de asombrarles y de seguir respondiendo a su curiosidad innata”, afirma.
Para ello, la revista renueva su formato y propone nuevas secciones: Los misionerísimos –que muestra los grandes misioneros de la historia-, Menuda historia –un cómic sobre anécdotas de las misiones-, La tribu –una pandilla infantil con la que los niños aprenden a ser misioneros en la vida cotidiana, a través de juegos, test, recomendaciones de libros, música y vídeos…-. “El sentimiento de pertenencia es muy atractivo para la infancia”, explica García. “Por eso hemos creado esta tribu de los pequeños misioneros, que no es un club cerrado sino una tribu que acoge a todo aquel que quiera vivir en ella, aprender y disfrutar de sus costumbres”.
OMP hace una apuesta decidida por el papel, para fomentar la lectura y para poder estar en las manos de cada niño. Sin embargo, ya está preparando contenidos digitales que amplíen los reportajes de la revista y así complementen la edición impresa. “De las misiones nos llegan cada día más vídeos, con los que se puede mostrar a los niños de una forma muy directa cómo se vive en otros sitios del mundo”, explica la directora. “En esta era digital, no podemos renunciar a hablarles también en este lenguaje porque es el que más utilizan”.
OMP ha editado una tirada especial para llegar a todos los colegios y parroquias de España, a través de las delegaciones diocesanas de misiones. “Queremos llegar de nuevo a todos los niños, y para eso necesitamos que los padres, profesores y catequistas nos conozcan”, concluye Myriam. La revista pretende ser una herramienta de la Obra Pontificia de la Infancia Misionera -cuya Jornada se celebra en España el 28 de enero- para iniciar a los niños en el espíritu misionero.

Para ver la web de la revista: https://www.omp.es/revista-gesto/

Fuente: OMP España