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jueves, 18 de octubre de 2018

Mundos que cambian, gracias a ti, misionera


La hermana Indira González Shoda, Secretaria provincial de las Siervas de María Ministras de los Enfermos en el Caribe, escribe para comunicar el fallecimiento de una misionera española. Ha querido hablar sobre el testimonio de vida de la hermana Rufina Vicente, que así se llamaba. “Mundos que cambian, gracias a ti, misionera”, le dice a su hermana de congregación como si fuera un piropo:

“El 15 de octubre de 2018 falleció en La Habana, Cuba, una Sierva de María Ministra de los Enfermos española, de 91 años de edad y 64 como misionera. Su vida transformada transformó otras vidas, cambió el mundo, con esa santidad sencilla que encanta y convence, en palabras del Papa Francisco, “la santidad de la puerta de al lado, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios” (Gaudete et Exsultate, 7).
Su nombre es Rufina Vicente Moralejo, natural de Fuentespreadas, Zamora. En 1956, cuando los viajes eran de ida pero no de vuelta, se embarcó hacia La Habana, con lo mejor del alma castellana en el corazón y profundos anhelos de entregarse a la tarea de evangelizar según el carisma-misión del Instituto. Así lo hizo siempre, incluso durante los años sesenta cuando la historia dio un giro hacia la incertidumbre, la escasez, el silencio. Quedó junto a un reducido grupo de catorce Hermanas, todas españolas, en nuestra casa del Vedado, custodiando el espíritu de Santa María Soledad y recreándolo a pesar de los vientos recios. En la isla contábamos con siete comunidades y casi doscientas Siervas de María, quienes en un abrir y cerrar de ojos tuvieron que ir, con dolor pero con el mismo ardor misionero, a transformar otros mundos.
Dicen los testigos de entonces que cuando escaseaban los signos religiosos y abundaba la confusión por las calles de La Habana, el andar de las Hermanas hacia los hospitales o las casas de los enfermos y sus lucecitas encendidas en medio de la noche, se convirtieron en anuncio convincente de que Dios no había muerto.
A estos misioneros les debemos la transmisión de la fe, del carisma, de la gracia del seguimiento de Cristo. Nuestras generaciones adultas y jóvenes vieron la luz en una sociedad oficialmente atea pero en la que nunca se apagó la sed de Dios, gracias a las semillas que discretamente algunos se empeñaron en esparcir. Muchos de nuestros padres nos dieron una fe sin Iglesia, limitada a las oraciones de la noche frente a las imágenes “disimuladas” del Sagrado Corazón y de la Virgen de la Caridad. Los misioneros junto a los nuestros que optaron por permanecer, nos dieron y nos dan una fe impregnada de Espíritu, de Evangelio, de amor a la Iglesia, de compromiso con el pueblo.
Con todos tenemos una deuda impagable, aún vivimos de sus frutos y ojalá los nuestros tengan un tercio del sabor de los suyos. Por Sor Rufina y por cuantos como ella convierten sus existencias en luz y misión celebramos el DOMUND. Gracias por darnos lo mejor, haciéndonos comprender que ser discípulos misioneros `No es dar sino darse. No es hablar sino hablarse. No es hacer sino hacerse’ (Leo Ramos, misionero en Zimbabue)”.
Fuente OMP España

jueves, 11 de octubre de 2018

"El Domund cambia el mundo, yo lo he visto"


Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo Auxiliar de Valladolid, D. Luis Javier Argüello García;
Sr. Subdirector Nacional de las Obras Misionales Pontificias, D. José María Calderón Castro;
autoridades; misioneros presentes; señoras y señores:
 
In memoriam 
Me gustaría que este Domund 2018 se inaugurase en nombre de Anastasio Gil. La joya de la corona de las Obras Misionales Pontificias son los 12.000 misioneros españoles repartidos por el mundo, pero no menor importancia tienen sus amigos y benefactores. Anastasio ha dado todas sus energías por los misioneros. El Director Nacional de las OMP, que acaba de morir, tuvo mil funciones organizativas, pero hizo dos cosas excepcionalmente. La primera, venerar con un respeto absoluto cada céntimo que entraba para las misiones, ahorrando hasta la extenuación. Y, segunda, darnos sin tregua la lata a los periodistas para hacer visibles a los misioneros en los medios.
En estos días en que recordábamos su figura, he contado que cada año sonaba el teléfono o entraba un whatsapp de Anastasio: "-Cristina... -Dime, Anastasio. -El artículo..."; y yo me ponía a ello, porque no admitía discusión. Unas veces rememoraba mi educación con las hermanas mercedarias de la Caridad y nuestras aventuras de niñas que salían a postular por las calles de la ciudad (no se pueden imaginar lo emocionante que puede ser para una cría asumir semejante responsabilidad; cómo te "faja" la respuesta imprevisible de los transeúntes, cómo te ayuda a tomar conciencia de que no estás sola en el globo, que hay otros que necesitan tu ayuda). Otras veces rememoraba misioneros concretos, que he conocido a lo largo de mi vida. O me preguntaba sobre las razones profundas que llevan a una persona cómodamente criada en Occidente a dejar casa y familia y marcharse para siempre a los confines del mundo.
Para mí, el Domund estará ya siempre unido a la memoria de ese cura enjuto y alegre, tenaz como la gota malaya, que se llamó Anastasio Gil. Y tengo para mí que, en este primer año que nos falta y en que ha cogido los trastos de matar José María Calderón, se está sonriendo pícaramente en el cielo, porque en esta ocasión no solo me ha sacado un artículo o una entrevista en la radio, sino que me tiene aquí, de pregonera del Domund. No sé cómo te las arreglas, Anastasio, que ni difunto paras.

Misioneros y periodistas  
Pocos gremios tan familiarizados con los misioneros como el de los periodistas; en particular, los reporteros que hemos hecho información internacional. Para nosotros es habitual toparnos con ellos en los cuatro puntos cardinales y muy especialmente donde hay noticias. Podría trazar un mapamundi poniendo sobre cada país del globo el rostro de un misionero. En la guerra civil de Albania conocí a la franciscana Caterina; en Argel, a las agustinas misioneras; en Calcuta, a las misioneras de la Caridad... Da igual la gravedad del suceso o las extremas condiciones de vida: donde ya no queda un organismo internacional, cuando han huido hasta las ONGs, siempre hay un misionero. Son un anclaje con el terreno y una fuente de noticias indispensable.
Cuando comencé a trabajar en la prensa, con 22 años, los misioneros españoles eran 25.000; hoy ya solo quedan 12.000. Habría que reflexionar sobre ello. Fue en los años 90 cuando más me topé con ellos sobre el terreno y suscitaron mi curiosidad. Buen ejemplo fue mi amistad con el burgalés Ignacio García Alonso. Yo planeaba realizar un reportaje sobre los tuaregs y, con muchas dificultades en la línea, llamé al centro de formación profesional que los hermanos de La Salle tienen en Niamey, la capital de Níger. "-Brrr, bip, brmmm, bip, bip, bip. -Oiga, ¿está Ignacio García? -Soy yo, ¿en qué puedo ayudarte? -Hola, mire, es que me gustaría ir a Níger para hacer un reportaje y necesito hablar con alguien que lleve un tiempo por allí. -Yo llevo un tiempo. -¿Cuánto, conoce la zona? -Unos treinta años (un cooperante considera que dos, cinco años en un sitio son bastantes; esta gente cuenta las estancias por décadas). -Yo quería ir al norte, hacia territorio tuareg. ¿Es peligroso? -¡Oh, no, no, ya no! Se sube acompañando a los convoyes militares y la vida ya no peligra como antes. -Pero ¿hay ataques? -Bueno, pero como mucho te quitan el jeep (insisto, son gente especial). -Hermano, ¿qué me dice del clima? -Ahora es muy bueno. -¿Qué temperatura tienen? -Ahora solo 45 o 46 grados (empecé a sudar)".
Nunca llegué a realizar aquel viaje, pero, asombrada por el optimismo imbatible de aquel hombre, comí con él cuando visitó España. Setas, creo recordar. Los momentos importantes de la vida dejan extrañas improntas en la memoria: una luz determinada, una inflexión de voz, un ingrediente de la comida. Ignacio era un hombre de metro setenta, de 55 años, muy delgado, sencillo, divertido. Era el menor de nueve hermanos y de niño había sido monaguillo en su pueblo, Pedrosa del Río Urgel. Cuando tenía 13 años, un religioso de La Salle habló en su escuela y pidió vocaciones. Él levantó la mano. "No sé por qué lo hice -me confesó-, es un misterio. Luego, con el tiempo, fui desbrozando la llamada -desbrozando, qué bonita palabra- y eligiéndola día a día, porque esto es día a día, ¿sabe? Como el matrimonio". Tenía una forma natural y campesina de exponer las cosas.
Ocho años más tarde, metida ya en las lides de la radio en COPE, un titular me golpeó el alma: "Asesinado a machetazos un misionero burgalés en Burkina Faso". No quería creerlo y, además -me agarré a un clavo ardiendo-, no era el mismo país. Comprobé los datos; el nombre coincidía, Ignacio García Alonso. La letra pequeña explicaba que se había trasladado de Níger a Burkina Faso, que estaba dirigiendo una escuela de formación laboral y un plan de formación agrícola para jóvenes. Era él. Ignacio había tenido que expulsar a un chico que había robado varias veces en la escuela. Se sospechaba que alguien del entorno del menor se había vengado. También se precisaba que el cuerpo estaba desfigurado, y el cráneo, destruido. Me vinieron a la memoria las palabras que me había dicho: "Yo estoy donde Cristo me pide que esté. Con sus fuerzas, claro, porque, si no, me resultaría imposible". Le había preguntado por qué no regresaba a casa: "Sigo una llamada -me contestó-, no una idea ni un código moral. Cristo es una persona viva y mantengo una relación con Él. Es mi respuesta personal a una llamada personal. Y no la cambiaría por nada". Enterraron a mi amigo Ignacio en un cementerio de los hermanos de las Escuelas Cristianas en África. Cada vez que escribo del Domund, se me agolpan los recuerdos y las preguntas.

Cambian el mundo 
Aunque casi todos nosotros llevamos una existencia burguesa, no resulta imposible imaginar que un joven apasionado se sume a un partido, con ánimo de mejorar las cosas, o se enrole en determinada causa, sobre todo si además estimula su narcisismo, sus ganas de viajar e incluso su bolsillo. Casi todos conocemos a gente así. Sin embargo, es totalmente distinto que alguien entregue la vida entera gratis, en completo anonimato, por amor. Tengo una amiga mallorquina, una joven misionera de 42 años que ahora está en el Congo. Se llama Victoria Braquehais y pertenece a la congregación Pureza de María. Es interesante comprobar que se expresa como Ignacio García Alonso. Ella también se refiere a la "llamada de Jesús". "Mi casa -me escribe- no es mi país, mi casa es el mundo. Todo ser humano es mi hermano". A Victoria esta vida parece garantizarle una gran frescura, una capacidad renovada de escucha. "La clave -dice- es vivir como una novia desposada con el asombro".
A menudo me manda pequeñas biografías o fotos: niños que se debaten entre la vida y la muerte tras un parto prematuro, críos que vuelven de las minas de oro. "Ayer vino -escribe en su última nota- un niño nuevo, se llama Espoir. Su padre es policía (aquí les pagan muy mal, nada, o salarios bajísimos que no dan para nada). Huyeron de la guerra en la provincia de Kasai. Los rebeldes quemaron su escuela, atacaron sus casas. Huyeron con lo puesto. Estuve mucho rato con Espoir y su padre. Luego les enseñé el cole. Les encantó. La cara de Espoir iba cambiando... Al principio no miraba, tenía la cabeza baja... Se fue sonriendo y feliz. ¡Espoir está deseando empezar! Me dijo: «¡Yo puedo venir ya, tengo mi nuevo uniforme!». Tiene una mirada muy limpia. Y una presencia muy serena. Transmite paz. Está deseando aprender. Espoir («Esperanza»)..., ¡qué nombre tan bonito!". Miren, yo no sé por qué está Victoria en el Congo, pero sí sé que a mí me gustaría que la maestra tuviese una mirada así sobre mi persona. ¡Me impulsaría como un cohete!
Trabajando día a día en la sombra, en su nuevo hogar que es el mundo, estos misioneros cambian lo que les rodea. Hasta extremos difícilmente calculables. Recuerdo haber visitado Nicaragua con motivo del terremoto de Honduras, por el desastre del volcán Casitas. El lodo desplazado por el volcán había cubierto granjas, cortijos, apriscos y arrollado todo a su paso, con enorme mortandad. Me alojaba en Managua, porque en la zona afectada no había quedado una casa en pie. Cada equipo de prensa había contratado un chófer experto, capaz de conducir por caminos imposibles, que nos recogía en el hotel cada mañana y nos desplazaba cientos de kilómetros. La puntualidad no es una de las virtudes de los nicaragüenses y aquellos hombres parecían rivalizar en llegar cada cual más tarde. Como el trayecto era largo, se perdían muchas horas de trabajo. Americanos y británicos se desesperaban.
El único que llegaba a su hora, en punto como un reloj, era el hombre que me ayudaba a mí. Me contó que era huérfano de padre y madre y que había sido recogido en una parroquia por un misionero agustino español. "Nos enseñó a ser hombres y amar nuestro trabajo -me dijo-, y nos explicó que un trabajo bien hecho empieza por la puntualidad. Él hizo de mí lo que soy, me sacó de la calle y nunca lo olvidaré". Para una periodista española, tan alejada de casa, con tanto dolor y muerte alrededor, la memoria de aquel religioso español que pervivía en Nicaragua resultaba conmovedora. Los judíos dicen que "quien salva una vida salva el mundo entero". Creo que tienen razón.
El misionero afirma la dignidad de la persona, toda persona, independientemente de su color, su nacionalidad o su fe. Me acuerdo en este punto de Teresa de Calcuta, que instaba a los hindúes a ser mejores hindúes, a los musulmanes a seguir mejor al Profeta, a los budistas a ser perfectos budistas. También decía: "Podéis llamarlo como queráis. Yo lo llamo Jesús". Ella percibía con claridad la nostalgia que alberga el corazón de cada uno de nosotros. Por la Madre Teresa rezaron en su funeral -que tuve el honor de cubrir- hindúes, musulmanes, sijs o zoroastrianos, y no porque ella relativizase su catolicismo, sino porque respetaba y alentaba a las personas desde el núcleo mismo de su identidad, desde el respeto a sus respectivas creencias.

¿Es posible vivir así? 
Tal vez mi amigo Ignacio García Alonso no muriese asesinado. A lo mejor..., tal vez es que le pidieron la vida por África, y la dio, libremente. Me he topado con esta experiencia en Argelia, por ejemplo, donde el fundamentalismo islámico asesinó, entre 1994 y 1996, a 19 religiosos y religiosas que -atención- decidieron conscientemente quedarse allí cuando arreciaron los ataques del GIA (Grupo Islámico Armado). No querían dejar solos a los argelinos.
Como todas las religiosas de la congregación de las hermanas agustinas misioneras, Caridad Álvarez y Esther Paniagua hicieron un discernimiento comunitario. Así lo cuenta María Jesús Rodríguez, entonces provincial: "Fui testigo de una experiencia de fe única, en la que cada hermana se fue expresando. No eran ilusas, ni ajenas a la situación de violencia que se vivía. Pero cada una de ellas fue diciendo que se quedaba en Argel". La tarde del 23 de octubre de 1994, Cari y Esther cayeron acribilladas en la calle por sendos disparos de un joven islamista. Formaron parte de un grupo de personas que van a ser beatificadas por la masacre de Argelia, entre ellas el obispo de Orán, Pierre Claverie, y los monjes trapenses franceses de Tibhirine, secuestrados en su monasterio de Santa María del Atlas, sobre los que después se rodaría la película De dioses y hombres.
Ellos también habían decidido libre e individualmente quedarse. Habían desarrollado una profunda amistad con los habitantes del pueblo y un foro de diálogo islámico-cristiano llamado Ribat es Salam ("Vínculo de Paz"), que desafiaba la simplificación que del islam hacía el fundamentalismo. Buscaba en el islam una parte del rostro de Cristo. Pocos textos más hermosos que el testamento espiritual que dejó el prior trapense, Christian de Chergé:
 "Si me sucediera un día -y ese día podría ser hoy- ser víctima del terrorismo [...], yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recuerden que mi vida estaba entregada a Dios y a este país. Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razón a los que me han tratado, a la ligera, de ingenuo o de idealista: «¡Que diga ahora lo que piensa de esto!». Pero han de saber que por fin será colmada mi más punzante curiosidad. Entonces podré, si Dios así lo quiere, hundir mi mirada en la del Padre para contemplar con Él a sus hijos del islam tal como Él los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo, frutos de su Pasión, inundados por el don del Espíritu, cuyo gozo secreto será siempre establecer la comunión y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias. Por esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos, doy gracias a Dios, que parece haberla querido enteramente para este gozo, contra y a pesar de todo. En este gracias en el que está todo dicho, definitivamente, sobre mi vida, os incluyo, por supuesto, a los amigos de ayer y hoy, y a vosotros, los amigos de aquí, con mi madre y mi padre, mis hermanas y hermanos y los vuestros, ¡el ciento por uno, como fue prometido!
Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías. Sí, para ti también quiero este gracias, y este «a-dios» en cuyo rostro te contemplo".
A continuación viene el párrafo más asombroso, a mi juicio: "Y que nos sea concedido reencontrarnos como ladrones felices en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío. Amén. Insha'allah («así sea, si Dios quiere»).
Tibhirine, 1 de enero de 1994".
Este hombre no solo perdona, es que aspira a reencontrarse en la felicidad eterna con el hombre que le quitó la vida. ¿Hay mayor caridad?
Queridos amigos, celebremos el Domund y promovámoslo con esta conciencia. Los misioneros no son gente ingenua, pobres palurdos de épocas pasadas. Tampoco son filántropos, u hombres y mujeres que luchan simplemente por la justicia universal (cosa que también hacen). No, el suyo es un testimonio revolucionario de la verdad profunda que es la de todos. Son seres humanos que van hasta el fondo de sí mismos y regresan con una mirada enamorada que les hace reconocer, con una profundidad abismal, la dignidad de los otros. Entregan todo porque reciben todo. Existen para restablecer la estatura del ser humano. También la nuestra. El Domund cambia el mundo, yo lo he visto. Que nos cambie en 2018 a nosotros. 
Gracias.



EL DOMUND reúne a tres misioneros excepcionales en Ciudad Rodrigo


“El Domund, al descubierto” llegó en la tarde de ayer a Ciudad Rodrigo, donde la Delegación Diocesana de Misiones había organizado, en el salón “Obispo Mazarrasa” del Obispado, una mesa redonda con misioneros para hablar de “La misión, tarea de todos”.
En la presentación, el vicario general de Ciudad Rodrigo, Tomás Muñoz Porras, pidió “que nuestro corazón se vaya sensibilizando de una manera especial para la evangelización”. El vicario y los misioneros coincidieron en resaltar “la importancia de los laicos en la Iglesia y en la misión”.



Compartieron mesa el padre Innocent Shava, misionero de Mariannhill nacido y ordenado en Bulawayo (Zimbabue), actualmente formándose en la Universidad Pontificia de Salamanca; el padre Mateo Alejandro Montalvo, de la Congregación de Misioneros del Verbo Divino, misionero en Colombia; y la comboniana, Teresa Herrero Sánchez, misionera en Ecuador.
“Inno”, como conocen familiarmente al padre Shava, afirmó que “España siempre ha sido el corazón y el principio de la misión” y añadió que se encuentra ahora en nuestro país para “aprender de la misión”. Inno ‒que se considera fruto de los misioneros‒ agradeció el cariño y apoyo de la gente y subrayó que “a veces no es cuestión de dinero sino de cercanía”. El sueño de Inno es volver a la misión en su país cuando acabe la formación en Salamanca.
El padre Mateo, que es un avezado misionero (lleva 41 años en la misión), comentó el cartel del Domund 2018 diciendo que “muchos cuadraditos forman un cubo”, y consideró que esos cuadraditos son las “mediaciones”, que en su vida han sido fundamentales para encontrar la vocación: los misioneros, la familia, los compañeros de la misión…; todos ellos han sido mediaciones que han contribuido a alimentar su vocación misionera. Este misionero del Verbo Divino compartió un aspecto concreto de su misión en El Chocó, una zona selvática de Colombia donde “se enamoró de los negros y los indígenas”. En esa misión, dijo, una de las tareas más importantes que ha cumplido es “acompañar a la gente en todo… y acompañarles hasta Dios”. El misionero zamorano concluyó recordando que la gente le decía que, cuando los misioneros se iban, era como si se fuera Dios.
El testimonio de la hermana Teresa Herrero estuvo lleno de la energía y la ilusión que define el carácter de esta salmantina de Martiago. La comboniana confesó que de pequeña era “un trasto” y pocos creían en su vocación religiosa y misionera, que ella, sin embargo, tuvo muy clara desde que tenía 15 años. “Yo quiero ser misionera, quiero ir a evangelizar”, era la convicción que le llevó incluso a escribir al Papa para que le dejara entrar en la congregación antes de la edad reglamentaria. La religiosa subrayó que para ella “no había sacrificio grande” para ser misionera. Por eso, y después de relatar algunos de los momentos de su misión, confesó que cuando la gente dice “qué vida más dura”, ella responde: “qué vida más bella”.
Cuando una de las personas asistentes preguntó a los misioneros qué es lo que nunca puede faltar en la mochila de un misionero, los tres coincidieron en mencionar la Biblia. El Padre “Inno” añadió que su madre le puso un rosario en la maleta, al que él añadió una cruz. La hermana Teresa puso “el amor” junto a la Biblia, y el padre Mateo dijo que era conveniente que “el equipaje de un misionero fuera ligero”.
Este acto de Ciudad Rodrigo se había iniciado con la participación del grupo “Antorcha Misionera”, formado por niñas del Colegio de las Misioneras de la Providencia, que entonaron la canción presentada en el Festival de la Canción Misionera. Mar Manzano Castro, de la Delegación de Misiones de Ciudad Rodrigo, les presentó aludiendo al cartel del Domund, señalando que “todas las piezas son fundamentales” y que “los niños son los buenos cimientos de los futuros misioneros”.
El delegado de Misiones de Ciudad Rodrigo, José Mª Rodríguez-Veleiro, agradeció la presencia de los numerosos asistentes, entre los que, junto a algunos misioneros, se encontraban, Laura Magdalena Miguel, colaboradora de la Delegación Diocesana de Misiones; la delegada de Misiones de Zamora, Montserrat Prada; y Dora Rivas Fernández y Rafael Santos Barba, de la Dirección Nacional de Obras Misionales Pontificas (OMP).
En el marco de los actos de “El Domund, al descubierto” ‒que impulsa la Dirección Nacional de OMP‒, esta tarde tendrá lugar el pregón del Domund, que pronunciará la periodista Cristina López Schlichting, en la catedral de Valladolid, a las 20 horas.

Fuente OMPRESS-CIUDAD RODRIGO 

martes, 9 de octubre de 2018

¿Cambiar el Mundo?

Pedro Rosón misionero zamorano, nos da su testimonio para el Domund de este año y se pregunta si realmente puede cambiar el mundo. Su testimonio ha servido como ejemplo para la exposición del Domund al Descubierto en Valladolid.

Soy el P. Pedro Rosón de Zamora, quien después  de varios años de misionero en zona campesina: 6  años en el desierto del norte de Perú (Piura) y 5 años en la cordillera de los Andes con 90 pueblos en Amazonas, ahora estoy en una zona, pequeña, en un Asilo  con 100 personas, ancianos y jóvenes marginados y abandonados, recogidos en la calle, traídos por la policía, abandonados en hospitales, y muchos de ellos sin nombre ni apellido.

Trabajo con la Hermana Juanita quien tenía el deseo de tener una capilla en el  Asilo de San José de Casma y gracias a trabajo y donativos de personas desinteresadas en Julio de este año se ha podido inaugurar. Ha sido Dios quien ha ido moviendo los corazones de personas e instituciones para que la generosidad hiciera que unas veces a chorro y otras en suave goteo llegara la ayuda necesaria y oportuna, para construirlo. Mencionarlas a todos sería casi imposible sin olvidarse de alguna,  Han colaborado varios amigos, que desde el gesto callado y casi escondido han ido enviando sus donativos con un goteo casi como el de la transfusión de sangre, para mantenernos con vida cuando se agotaban los recursos. Las Obras Misionales Pontificias a través de Misión América nos enviaron una generosa colaboración para la construcción de la capilla y de los Servicios Higiénicos.
No quiero que mi mirada se distraiga admirada por los gestos grandes  y donaciones  y no se fije como la de Jesús observando el óbolo depositado por  la pobre viuda en el cepillo dando lo que tenía. Alabo y agradezco el gesto de un convento  de clausura de mi diócesis de Zamora, que me ha enviado el ahorro obtenido por el ayuno de toda la cuaresma de la  pequeña Comunidad. La cantidad ha sido  como el óbolo de la viuda, pero el gesto es grandioso, tiene precio de cielo.
Permítanme una pequeña explicación al porqué de esta obra mixta: ni todo salón, ni solo capilla. Esto no es una parroquia, el templo no se necesita todos los días para los ancianos. Una Iglesia para la misa de los domingos parece excesivo; Dios  no puede querer tanto para él solo, cuando ve la necesidad de sus hijos más queridos, los pobres, que se amontonan en unos pequeños pabellones. Pero sí quiere un pequeño rincón, un tanto más privado, donde hacerse presente,  para dar calor y vida a esta obra suya tan evangélica que acoge a los desheredados, con la posibilidad de abrirse  para acoger a todos en la Eucaristía de los domingos y en las celebraciones en las que le damos el último adiós a los que El llama a su descanso. Siempre hemos intentando vivirlo y hacerlo en un clima de familia, sabiendo que cada uno es importante, pues aunque no tenga su D. N. I.,  no ha perdido la dignidad de Hijo de Dios.
CAMBIA EL MUNDO  ????. Poco puedo cambiar, sólo introducir en este mundo criterios evangélicos: GRATUIDAD,  GENEROSIDAD, DAR DIGNIDAD a quien llega sin ella, porque viene de la marginación, sabiendo que su identidad de Hijo de Dios no la ha perdido, y vivir esto con PAZ Y ALEGRIA

lunes, 8 de octubre de 2018

JUAN FEBRERO CAMBIA EL MUNDO


El misionero zamorano Juan Febrero Fernández sacerdote diocesano de Zamora y perteneciente al IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras). Nos da su testimonio para la campaña del Domund de este año. Un misionero dispuesto a cambiar el mundo.
Fuí a misiones por el IEME. Estoy en el Perú desde enero de 1973. Me ordené en el Perú en el año 1975 en la Diócesis de Ica. Del 2001 hasta mediados del  2004 estuve en la Animación Misionera del IEME  en España.
Después de estar nueve meses en Brasil, regresé de nuevo a Perú a mediados del 2005, a la Diócesis de Lurín-Lima Sur, en la Parroquia de San José de Nazaret en el distrito de Villa María del Triunfo, que es como una ciudad de cerca de medio millón de habitantes. En esta parroquia es donde continúo. Llevo en ella 13 años. El próximo año, en el mes de julio son las bodas de plata de la Parroquia. Como ven una Parroquia joven.
Lima se divide en distritos. El distrito de Villa María está al sur, el distrito se divide en zonas, y las zonas en sectores. Yo estoy en la zona de José Carlos Mariátegui, y la parroquia comprende los sectores de Vallecito Bajo y Alto. En total es una población de 24,000 habitantes.
La zona se empezó a poblar a fines de los 60 e inicios  de los años 70. Los primeros pobladores son el adulto mayor de ahora, por tanto hay una población significativa adulta, y los hijos han ido ocupando espacio y construyendo el segundo, tercer piso. En los años 80 y 90 a causa  del terrorismo en la sierra, se fue ocupando los terrenos con la población desplazada de las zonas de emergencia. La población que tenemos llega de todo el Perú. Por tanto es emigrante.
El crecimiento desordenado, el crecimiento de la población juvenil, la necesidad de tener que trabajar las dos personas del matrimonio para poder dar de comer e ir arreglando la casa poco a poco, la educación de los hijos, la falta de una infraestructura en los barrios, hace que se genere una serie de problemas como son: las pandillas juveniles, el consumo de la droga, la violencia en el hogar, los embarazos en adolescentes, la TBC (tuberculosis)… El Perú es el segundo país, después de Haití, en el número de drogo resistentes: XDR y MDR. El hambre, la falta de trabajo…
En la Parroquia llevamos a cabo tareas sociales que realizamos siempre desde la perspectiva del evangelio, no podemos ser ajenos a la situación del hermano, siguiendo al parábola del Buen Samaritano, la pregunta es clara “¿De quién me hago próximo? Y como nos dice la Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II “…Los dolores y sufrimientos del pueblo, sus gozos y esperanzas son nuestros…” No podemos separar Fe y Vida.
En estos años hemos organizado a los pacientes de TBC, y se ha creado la organización Construyendo Esperanza, tiene reconocimiento oficial y se ha manifestado públicamente reclamando el cumplimiento del reparto de la canasta de alimentos, participa en diferentes eventos de la sociedad civil y del Estado: La mesa temática de lucha contra la pobreza, las OAST (las organizaciones de afectados de TBC).
            Desde el 2008 empezamos un trabajo con los jóvenes de las pandillas. Era común el enfrentamiento de las diferentes pandillas. Ante esta situación empezamos a reunirnos con ellos en las esquinas, conversar, acercarnos, ser amigos. Empezamos a organizar campeonatos de fulbito entre pandillas. Hicimos varios campamentos con ellos. Poco a poco fue bajando el enfrentamiento entre ellos y por tanto disminuyendo la violencia callejera. Organizamos una escuela de futbol para los adolescentes como labor preventiva. Trabajamos con dirigentes vecinales, hace cuatro años hemos organizado el colectivo por la Vida y la Convivencia Ciudadana. Es un colectivo de diferentes organizaciones vecinales y municipal con los que estamos trabajando la seguridad ciudadana, el consumo de la droga, que ha aumentado estos años desde niños y adolescentes.
            Se trata de hacer de la acción social no un asistencialismo, sino que la gente se organice, se ella la que asuma la dirección. Por eso nuestro objetivo es ayudar a organizarse. La caridad en la iglesia tiene tres dimensiones: asistencial, promocional y política. Nosotros trabajamos, sobre todo, la política y la promocional.
             Por otro lado tenemos la problemática de la población del adulto mayor que es significativa, son los primeros pobladores que ya son mayores. Con ellos hemos organizado una asociación del adulto mayor. Se reúnen una vez a la semana para hacer danza, meditamos el evangelio del domingo y organizamos paseos a lo largo del año. Es una labor de acogida, de espacio de encuentro. En  Perú recientemente se está tomando conciencia del adulto mayor, y se empiezan a crear desde el Estado programas para ellos. Se está muy lejos de lo que hay en España. En nuestra diócesis, por ejemplo, sólo tres parroquias tenemos una pastoral para el adulto mayor.
La labor Pastoral es social y catequética. Nuestras catequesis no son ajenas a la realidad, y la labor social va acompañada con la evangelización, y varios de los jóvenes de pandilla han recibido ya los sacramentos.
Los colectivos con los que trabajamos lo social te respetan porque eres sacerdote, para ellos es la iglesia que se acerca. Hay un sentido de lo sagrado que hoy ya no hay en Europa; la iglesia ha estado muy cercana a la gente desde sus inicios, ha acompañada al pueblo en sus luchas por el agua, colegios, etc.
Desde la humildad, y la lejanía de la familia sigo trabajando para poder contribuir a un cambio en el mundo a mejor.

jueves, 4 de octubre de 2018

La caridad, alma de la misión

Ayer se presentó en Zamora, la mesa redonda La Caridad Alma de la misión dentro de los actos del Domund al Descubierto que este año se celebran en la provincia eclesiástica de Valladolid.


La mesa estuvo moderada por el Vicario par el Clero. D. Luis-Migue Rodríguez Herrero que presentó a los ponentes. D. Antonio-Jesús Martín de Lera, Director de Cáritas Diocesana y Vicario para asuntos  Sociales: "Siempre he dicho que la caridad es el motor que mueve o debe mover a la Iglesia y que la Iglesia, con sus diversas instituciones que llevan a cabo el servicio de la caridad, está difundiendo el evangelio de la mejor manera posible, esta evangelizando. (Testimonio de Santiago Agrelo, obispo de Tánger)". 
En su intervención apelo a que la razón última de la existencia de la caridad es ser expresión del amor preferencial de Dios por los pobres. La caridad surge en la Iglesia del encuentro de dos motivaciones: la histórica y la teológica: Hay caridad junto a los pobres y personas que sufren: motivación histórica y hay caridad, ante todo, porque el Espíritu del Padre, que ungió al Hijo para anunciar el Evangelio a los pobres, sigue suscitando en la Iglesia el amor a los pobres: motivación teológica. En Jesucristo coinciden lo histórico y lo teológico.
La Iglesia está dotada de distintos ministerios con múltiples funciones, todos ellos necesarios y complementarios para cumplir la misión por la que existe: evangelizar.

Dña Pilar Gutiérrez González, Delegada diocesana de Manos Unidas, apeló a la misión de la entidad que es luchar contra el hambre, la deficiente nutrición, la miseria la enfermedad, el subdesarrollo y la falta de instrucción. En Zamora Manos Unidas financia 9 proyectos de Operación enlace y uno de Cofinanciación. Trabajamos en sintonía con los pueblos a los que ayudamos con los misioneros y misioneras, ellos son los que nos solicitan el proyecto, son los que conocen sus necesidades y nosotros les financiamos tras un estudio riguroso. En el año 2018 llegamos al final del trienio con el lema "Comparte lo que importa". Siguiendo las palabras del Papa Francisco "Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos más a sacarlos de su situación de marginación."
Por su parte la Delegada de Misiones de la diócesis, Dña Montserrat Prada explicó que las Obras Misionales Pontificias cuentan en la actualidad con 12.000 misioneros, de los cuales 118 pertenecen a nuestra Diócesis. No hay mayor muestra de caridad que los misioneros. Por eso se leyeron los testimonios de Pedro Rosón que actualmente está en Perú atendiendo un asilo de más de 100 personas recogidas de la calle, hospitales, muchas de ellas sin identificación. Su testimonio estuvo marcado por la creación de un salón de usos múltiples que sirve para capilla y salón de actos. Ha sido creado gracias a la generosidad desinteresada de mucha gente, también con la ayuda de las Obras Misionales Pontificias a través de su ONG Misión América. Gracias a todos ellos, estás personas tienen un sitio digno donde poder ser atendidas dignamente.  
Juan Febrero sacerdote diocesano y perteneciente al IEME, está en Perú desde el año 1973. En su parroquia llevan a cabo tareas sociales que realizan siempre desde la perspectiva del Evangelio. "No podemos ser ajenos a la situación del hermano. No podemos separar Fe y Vida." Trabajan con jóvenes pandilleros, para sacarlos de la calle, con jóvenes drogadictos, programas de Tuberculosis, y el programa del adulto mayor que en Perú están muy abandonados. "Los colectivos con los que trabajamos lo social te respetan porque eres sacerdote, para ellos es la iglesia quien se acerca. Hay un sentido de lo sagrado que hoy ya no hay en Europa. La Iglesia ha estado muy cercano a la gente desde sus inicios, ha acompañado al pueblo en sus luchas por el agua, colegios, etc". 
Se acerca del Domund, y este año se nos invita a Cambiar el Mundo con pequeños gestos. ¡Hagámoslo posible!
Se terminó la mesa redonda con la visualización del vídeo del Domund "Cambia el Mundo".


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